martes, 19 de octubre de 2010
domingo, 7 de febrero de 2010
William Ernest Henley
Desde la noche que sobre mi se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses si existen
por mi alma invicta.
Caído en las garras de la circunstancia
nadie me vio llorar ni pestañear.
Bajo los golpes del destino
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.
Más allá de este lugar de lágrimas e ira
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigo la sentencia.
Soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma.
viernes, 2 de octubre de 2009
Claudio Rodríguez - Sin Adios
Qué distinto el amor es junto al mar
que en mi tierra nativa, cautiva, a la que siempre
cantaré,
a la orilla del temple de sus ríos,
con su inocencia y su clarividencia,
con esa compañía que estremece,
viendo caer la verdadera lágrima
del cielo
cuando la noche es larga
y el alba es clara.
Nunca sé por qué siento
compañero a mi cuerpo, que es augurio y refugio.
Y ahora, frente al mar,
qué urdimbre la del trigo,
la del oleaje,
qué hilatura, qué plena cosecha
encajan, sueldan, curvan
mi amor.
El movimiento curvo de las olas,
por la mañana ,
tan distinto al nocturno,
tan semejante al de los sembrados,
se va entrando en
el rumor misterioso de tu cuerpo,
hoy que hay mareas vivas
y el amor está gris perla, casi mate,
como el color del álamo en octubre.
El soñar es sencillo, pero no el contemplar.
Y ahora, al amanecer, cuando conviene
saber y obrar,
cómo suena contigo esta desnuda costa.
Cuando el amor y el mar
son una sola marejada, sin que el viento nordeste
pueda romper este recogimiento,
esta semilla sobrecogedora,
esta tierra, este agua
aquí, en el puerto,
donde ya no hay adiós, sino ancla pura.
Una mañana cualquiera
Por las mañanas cuando me levanto lo primero que hago es sentarme y darle la bienvenida al nuevo día, no me queda más remedio que pensar en mi chica, es normal me da mucho más de lo que puedo ofrecerle, dice siempre que no me da nada pero es mucho más de lo que esperaba, miro por la ventana durante largo tiempo y observo el tiempo y el poco tráfico de vehículos y personas, a las siete de la mañana como que no hay mucho movimiento en esta ciudad, me estiro casi como los gatos y me crujen los huesos de la espalda, siempre he dormido bastante mal, pero desde que la conozco, como que el sueño me ha vuelto.
Es el momento de darme una ducha y prepararme para salir de casa, hasta vete tú a saber cuándo, nunca suelo pensar en que me pongo, suele ser lo primero que pillo.
Me encamino al trabajo pensando en el cafetito, los churros y las porras de Lorenzo, ¡joder que buenos están!. La gente con la que me cruzo lleva el mismo sueño que yo, lo digo por las caras que tienen, miradas perdidas, ojos hinchados y las manos en los bolsos.
Entro en la churrería que me queda de camino al trabajo y lo primero que digo cuando entro:
-Lorenzo, buenos días, buenos días a todos.
Y como siempre el único que me contesta es Lorenzo:
-Buenos días Rubio (tanto mi pelo como mi tez no se acercan nada a lo que podría ser un tío rubio, me podría acercar más bien a cualquier aborigen sudamericano), un café con leche, ¿verdad?,
yo asiento con la cabeza, y a voces hace el siguiente pedido
-a ver unos churros y unas porras para el fondo norte.
Ya quedan pocas personas como Lorenzo, con buen sentido del humor, la verdad es que vacilando a esas horas de la mañana, poca gente reacciona al vacile y a mí no me queda otra que escojonarme. Regenta una pequeña churrería en el mercado de Zamora, apenas tiene espacio para los clientes que quieren tomar unos churritos, unas porras, con un café o un chocolate y la verdad es que los churros y las porras son buenísimos, por no decir cojonudos, jamás los he comido igual.
Ya de camino al trabajo, pienso en lo ricos que estaban los churros y las porras con ese café con leche y me da ánimos para comenzar la mañana.
Así es una mañana cualquiera.
Es el momento de darme una ducha y prepararme para salir de casa, hasta vete tú a saber cuándo, nunca suelo pensar en que me pongo, suele ser lo primero que pillo.
Me encamino al trabajo pensando en el cafetito, los churros y las porras de Lorenzo, ¡joder que buenos están!. La gente con la que me cruzo lleva el mismo sueño que yo, lo digo por las caras que tienen, miradas perdidas, ojos hinchados y las manos en los bolsos.
Entro en la churrería que me queda de camino al trabajo y lo primero que digo cuando entro:
-Lorenzo, buenos días, buenos días a todos.
Y como siempre el único que me contesta es Lorenzo:
-Buenos días Rubio (tanto mi pelo como mi tez no se acercan nada a lo que podría ser un tío rubio, me podría acercar más bien a cualquier aborigen sudamericano), un café con leche, ¿verdad?,
yo asiento con la cabeza, y a voces hace el siguiente pedido
-a ver unos churros y unas porras para el fondo norte.
Ya quedan pocas personas como Lorenzo, con buen sentido del humor, la verdad es que vacilando a esas horas de la mañana, poca gente reacciona al vacile y a mí no me queda otra que escojonarme. Regenta una pequeña churrería en el mercado de Zamora, apenas tiene espacio para los clientes que quieren tomar unos churritos, unas porras, con un café o un chocolate y la verdad es que los churros y las porras son buenísimos, por no decir cojonudos, jamás los he comido igual.
Ya de camino al trabajo, pienso en lo ricos que estaban los churros y las porras con ese café con leche y me da ánimos para comenzar la mañana.
Así es una mañana cualquiera.
jueves, 1 de octubre de 2009
Nuevas sensaciones
Hace ya un tiempo tenía unas sensaciones muy diferentes a las que tengo ahora. Ahora soy yo, el mismo que hace mucho tiempo. No existen diferencias entre mi forma de pensar y mi forma de vivir, eso si, tengo buenos recuerdos del pasado y aunque no reniege, me niego a vivir de él.
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